Me sirve organizarme en el papel. Escribir me permite detener el movimiento acelerado de mi mente, dirigir mi atención y convertir en palabras aquello que, dentro de mí, todavía aparece mezclado, incompleto o disperso.
Cuando escribo, no solamente describo lo que me pasa. Observo cómo estoy pensando, qué emociones están dirigiendo mi experiencia y cuáles son los automatismos desde los que estoy reaccionando. El papel transforma lo invisible en algo que puedo mirar, cuestionar y reorganizar.
Pero escribir también representa una decisión acerca de quién voy a ser. A través de las palabras puedo definir la expresión que decido encarnar: claridad, dirección, estabilidad, responsabilidad, constancia. No como afirmaciones vacías, sino como palabras vivas que necesitan convertirse en comportamiento.
Mi cuerpo es el lugar donde esa decisión se vuelve real. Si escribo “estabilidad”, necesito observar cómo respiro, cómo hablo, cómo me muevo y qué acciones realizo desde esa estabilidad. Si escribo “dirección”, necesito traducirla en una prioridad concreta. Si escribo “constancia”, debo construir una acción que pueda repetir incluso cuando mi estado emocional cambie.
Por eso también necesito crear un entorno que favorezca aquello que quiero vivir. Organizar mis espacios, reducir distracciones, establecer momentos para escribir y dejar señales visibles de mis decisiones. El entorno puede convertirse en una extensión de mi consciencia: una estructura que me recuerde qué estoy construyendo cuando mi atención se disperse.
Escribir es, entonces, una forma de detenerme, observarme y dirigirme. Es sacar de la mente lo que estaba girando sin orden, elegir quién voy a ser frente a eso y llevar esa decisión hacia el cuerpo y la acción.
No escribo solamente para entenderme.
Escribo para dirigirme.
Escribo para construir las condiciones que me permitan encarnar, paso a paso, la persona que decido ser.
Me perdono a mí mismo el haberme aceptado y permitido a mí mismo ignorar el poder que tengo a través de la escritura, a través del perdón, a través del compromiso de asumir responsabilidad, sin darme cuenta que si no tomo noción / abro mi mente / busco perspectiva acerca de las cosas, voy a requerir un trabajo de liberación, de orden, de corrección, de investigación para poder elegir y decidir vivir quien quiero ser como ser humano.
Me perdono a mí mismo el haberme aceptado y permitido a mí mismo cerrarme las puertas hacia la oportunidad de hacer una diferencia al abrirle la puerta a las sensaciones / experiencias en mi mente y en mi cuerpo que van tomando más lugar y más de mi atención, de mi energía para desorganizarla, energizarla, activarla y convertir mi mente en una carrera de energías / emociones, sentimientos, pensamientos, creencias, perspectivas basadas en la experiencia mental / narrativa en mi mente.
Me perdono a mí mismo el haberme aceptado y permitido a mí mismo estar más en mi mente y no estar más aquí, con mi cuerpo físico, respirando, contando los segundos que pasan, sintiendo mis pulmones, permitiéndome habitar mi cuerpo y las palabras que quiero encarnar y experimentar.
Me perdono a mí mismo el no haberme aceptado y permitido a mí mismo ver, darme cuenta y entender que soy yo mismo a través de las palabras que expreso y conducen mi experiencia definida a través y detrás de las palabras - es con esto que yo puedo definir mejor, establecer mejor, fundamentar mejor mi punto de partida de quién soy como un ser humano en cada momento de respiro.
Me perdono a mí mismo el no haberme aceptado y permitido a mí mismo ver, darme cuenta y entender que si no estoy AQUÍ, presente / en mi presencia / con mi cuerpo físico, respirando, y no puedo conectar / crear con mi presencia - no estoy pudiendo reunir mi capacidad de prestar atención para conectarme conmigo mismo - entonces requiero respirar, conectar con mi cuerpo, conectar con las sensaciones de mi cuerpo, conectar con lo que está aquí - las palabras que emergen es PRESENCIA, ESTABILIDAD, CONSISTENCIA.
Presencia: respiro, siento mis pulmones, mi corazón, la punta o yemas de mis dedos de los pies, la punta o yemas de mis dedos de las manos, los movimientos, las tensiones...
Estabilidad: siento mis latidos del corazón, qué dice acerca de quién soy, cómo me siento, dónde estoy, cómo estoy el ritmo de los latidos. Me acompaño y apoyo a estabilizar mis latidos, el pulso, las tensiones, las emociones, mi voz.
Consistencia: conectar los pensamientos, cómo me siento, hacia dónde me quiero dirigir en una misma dirección.